domingo, 19 de agosto de 2012

Querida soledad:


Me gustaría agradecerte en principio todo lo que has hecho por mí.
Eras tú quien me abrazaba en los momentos mas duros, la que me ayudaba a seguir hacia adelante, y también la que me permitía mirar hacia el pasado cuando era necesario, a veces eso me hacia llorar-de hecho siempre lo hacia- pero tu sabias que hacerlo me aliviaba.
Gritabas conmigo, ¿recuerdas? Todo lo alto que nuestras voces podían y tanto como nuestros cuerpos aguantaban.

Los regresos a casa, los momentos de risa, de dolor, de odio, de compasión. Tú siempre estabas allí. Sabías como me sentía y como quería sentirme en cada momento.
Cuando la gente se iba, tú te quedabas conmigo. Lo pasábamos genial, me comprendías, por eso yo te lo contaba todo, con cada uno de los detalles, porque tú me escuchabas atentamente, por muy largo que fuera el suceso o la anécdota. Que recuerdos...
Pues bien querida amiga, tan solo te escribía para agradecer todo eso-como antes dije- y también me gustaría despedirme. Te explicaré mis razones.
He encontrado a alguien que me escucha y me comprende, alguien con quien lo paso de fábula, con el que he pasado momentos de todo tipo, con quien no es necesario gritar, porque su respiración me tranquiliza.
Tampoco me deja mirar al pasado, porque dice que tenemos todo un futuro juntos. Que no quiere que llore, porque le encanta que sonría. Y si, también es alguien que quizá no se quede siempre que los demás se van, pero cuando vuelve me da todo su tiempo y si cariño. Y para acabar, él me da algo que tú nunca me has dado y jamás me darás, él me hace feliz.
                                                                                          Atentamente Olga.

No hay comentarios:

Publicar un comentario